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Leyendas de Altea: El peral de la tía Miseria

Altea, un mundo de leyendas

Altea es un lugar mágico, en el que , a lo largo de su historia, se han repetido diversos episodios y anécdotas, relacionadas con la forma de vida del municipio. Una de las leyendas más conocidas y curiosas, es la del “Peral de la tía miseria”, y dice así: la leyenda, que hace mucho , mucho tiempo, vivía en Altea, una mujer anciana , andrajosa, y sucia, a la que se le conocía como Tía Miseria. Esta pobre mujer, subsitía unicamente con la limosna que los habitantes del pueblo le daban , y con los frutos de un Peral, el único Arbol que moraba junto a su cueva.

Una noche, en la que una gran tormenta se había instalado en Altea, la anciana recibió una visita muy especial. Un vagabundo andrajoso que le pidió a la anciana refugio y un plato de Cocina. La tia miseria, quien estaba preparando un caldo con algo que había conseguido en el pueblo, accedió encantada.

Tras una charla amena, quedaron dormidos. Al día siguiente, el vagabundo le confesó que era en realidad San Antonio, y que le concedería lo que quisiera por su buena obra. La mujer sorprendida, le dijo que no quería nada más de lo que tenía, aunque tras la insistencia de San Antonio, accedió a realizar su petición. Pidió que todo aquel que quisiera robar sus peras, quedase pegado al arbol, hasta que ella le dejase bajar, como escarmiento, y disuasión ante los ladrones.

Así fúe como cada vez que subía un niño al arbol a robar las peras, se quedaba pegado. Tia miseria no les dejaba bajar hasta que llegaban sus padres, pagaban lo sustraido, y le  propinaban una buena paliza al gamberro.

Así transcurrieron unos cuantos años, en los que tia miseria no pasó nunca más hambre,. Hasta que un buen día llegó La Muerte a por ella. La vieja, muy astuta, pidió que se subiera al arbol para recoger unas cuantas peras que poder llevar con ella. La muerte, lo tomó como un último deseo, y al subirse al Arbol, quedó pegada.

Tia miseria no dejó que bajara, y así pasaron años y años sin que ella ni nadie en el pueblo muriera . Ni epidemias ni guerras lograban acabar con la población , algo que a los más ancianos de Altea, comenzó a molestar . Cansados de una vida larga decidieron armarse e ir a derribar el peral . No obstante, estos quedaron también pegados a modo de fruto.

Con un montón de peras humanas el arbol balanceaba de un lado a otro, pero no caía . todos imploraban a la anciana que los dejara bajar. La mujer muy astuta nuevamente, dijo que solo bajaría a los allí presentes , si la muerte no venía a buscarla, hasta que ella la llamase por tres veces.

La muerte accedió, y fue así como la miseria siguió anidando en este mundo , escondida en una cueva junto a su peral eterno”.

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